28 de Enero 2026

Academia e industria se unen para impulsar la IA aplicada en Chile: por qué la alianza entre la USM y Raven marca un punto de inflexión

Autor de la nota
Nicole Sanz

5 min

Academia e industria se unen para impulsar la IA aplicada en Chile: por qué la alianza entre la USM y Raven marca un punto de inflexión

La creación de un Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada entre la Universidad Técnica Federico Santa María y Raven abre una nueva etapa para la colaboración entre conocimiento académico e industria en el país.

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Durante años, la conversación sobre innovación tecnológica en Chile ha repetido una misma idea: existe talento, existe conocimiento y existe capacidad técnica. Sin embargo, esos mundos no siempre convergen. La academia investiga, la industria enfrenta problemas urgentes y complejos, y el punto donde el conocimiento se transforma en impacto real suele ser frágil o inexistente.

En ese escenario, la reciente alianza entre la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) y Raven para crear un Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada representa una noticia relevante para el ecosistema tecnológico chileno. No solo por el anuncio en sí, sino por lo que viene a redefinir: una forma distinta —y necesaria— de abordar el desarrollo de inteligencia artificial en el país.

Academia e industria deciden trabajar juntas

Las universidades cumplen un rol irremplazable: generar conocimiento profundo, formar profesionales altamente capacitados y empujar la frontera de la investigación. Sin embargo, ese conocimiento no siempre encuentra un camino directo hacia la aplicación práctica.

La industria, en tanto, opera bajo otras reglas. Vive inmersa en problemas reales, con restricciones de tiempo, presupuesto y resultados. Muchas organizaciones saben que necesitan inteligencia artificial, pero no siempre logran traducir esa necesidad en soluciones concretas, especialmente cuando los desafíos son complejos y requieren conocimiento especializado.

No se trata de que un mundo reemplace al otro, sino de complementarse, entendiendo que los desafíos actuales exigen colaboración real y sostenida.

Cuando la investigación sale del paper

Hablar de inteligencia artificial aplicada no es hablar de tendencias ni de promesas. Es hablar de sistemas que funcionan, de modelos entrenados con datos reales y de decisiones que impactan procesos productivos, servicios y personas.

Un laboratorio con foco aplicado permite conectar investigación, formación y aplicación práctica en un mismo espacio. Académicos, estudiantes y profesionales trabajando sobre problemas reales, con restricciones reales y con la necesidad —inevitable— de generar resultados que funcionen fuera del entorno académico.

Este enfoque tiene un valor doble. Por un lado, abre nuevos caminos de transferencia tecnológica para la investigación. Por otro, acerca a la industria a un conocimiento profundo que difícilmente podría desarrollar por sí sola.

Formar talento resolviendo problemas reales

Uno de los impactos más relevantes —y menos visibles— de este tipo de iniciativas es la formación de talento. No desde una mirada abstracta, sino desde la experiencia práctica.

Cuando estudiantes y jóvenes investigadores participan en proyectos reales, aprenden a identificar problemas relevantes, a traducirlos en soluciones tecnológicas y a trabajar en contextos donde las decisiones importan. No solo adquieren herramientas técnicas, sino criterio, contexto y una visión más completa del rol que cumple la tecnología en la sociedad.

Esa experiencia es clave para formar profesionales capaces de moverse entre el mundo académico y el productivo, y de aportar valor desde el primer día.

Un modelo que Chile necesita escalar

En los ecosistemas tecnológicos más desarrollados, la colaboración entre universidades y empresas no es la excepción, sino la norma. Laboratorios conjuntos, centros de investigación aplicada y proyectos colaborativos forman parte estructural del sistema de innovación.

Chile aún tiene camino por recorrer en esa dirección. Por eso, iniciativas como esta no solo son positivas, sino estratégicas. Muestran que es posible construir puentes reales, con foco en impacto, visión de largo plazo y capacidad de escalar.

Más que un proyecto puntual, este laboratorio tiene el potencial de convertirse en un referente y en un modelo replicable, capaz de sumar nuevos actores y abordar desafíos cada vez más complejos, tanto a nivel nacional como internacional.

Más colaboración, más impacto

La inteligencia artificial seguirá transformando industrias, profesiones y sociedades. La pregunta ya no es si debemos adoptarla, sino cómo lo hacemos.

Apostar por la colaboración entre academia e industria es una respuesta clara: menos silos, menos discurso y más aplicación real. Más trabajo conjunto y más impacto sostenible.

Porque el futuro de la inteligencia artificial no se construye en solitario. Se construye colaborando.

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